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Mostrando las entradas de marzo, 2026

Domingo silencioso

La tarde del domingo tiene un silencio particular, como si el mundo entero respirara más lento. Las horas se estiran sin apuro, y la luz entra por la ventana con una melancolía tibia, casi cansada. Es en ese momento cuando la soledad se vuelve más nítida, más presente, como un eco que no se puede ignorar. No es una soledad ruidosa, ni dramática. Es más bien un vacío suave, que se instala en los rincones de la casa y en los pensamientos. El mate se enfría más rápido, la televisión suena de fondo sin que realmente importe lo que diga, y el tiempo parece suspenderse entre lo que fue la semana y lo que vendrá. Los domingos a la tarde tienen esa extraña capacidad de enfrentarnos con nosotros mismos. Sin distracciones urgentes, sin la velocidad de los días laborales, aparece ese espacio donde uno se encuentra con lo que siente. A veces es nostalgia, a veces es cansancio, y otras, simplemente, es una sensación difícil de nombrar, como si faltara algo pero no supiéramos qué. Y sin embargo, en ...