No necesito NADA
Hay cosas que uno tarda demasiado en entender. No porque sean difíciles de comprender, sino porque aceptarlas significa renunciar a algo que, durante mucho tiempo, nos hizo felices. Y yo todavía estoy aprendiendo. Estoy aprendiendo que no todas las personas que queremos están destinadas a quedarse. Que a veces uno puede sentirlo todo por alguien que no siente lo mismo. Que existen personas con las que nos gustaría compartir la vida, pero con las que, por alguna razón, simplemente no podemos estar. Porque no nos eligen, porque no nos quieren de la misma manera o porque, sencillamente, sus caminos van en una dirección diferente a la nuestra. Y, aun así, uno insiste. Yo insisto. La sigo buscando. Una y otra vez. La busco en los recuerdos, en las conversaciones que ya terminaron, en las palabras que alguna vez me hicieron sonreír. La busco en los lugares donde fui feliz, en las pequeñas cosas que todavía me la recuerdan y en esa esperanza absurda de que, quizás algún día, algo cambie. La b...