Duele, pero no se si debería
A veces no es que el amor se termina. A veces lo que se termina es la oportunidad. Y eso duele distinto. No es un dolor limpio, de esos que se aceptan con el tiempo. Es más bien un peso constante, una especie de eco que aparece cuando menos lo esperás. Porque en el fondo sabés que no fue la vida, ni el destino, ni la mala suerte. Fuiste vos. Tu momento. Tu inmadurez. Tus miedos. Tu forma de no saber cuidar algo que, en su momento, parecía que iba a estar siempre. Y no estuvo. Lo más difícil no es extrañar a esa persona. Es extrañar lo que eras con esa persona. La versión tuya que existía ahí, en ese vínculo, en esa forma de querer y ser querido. Porque ahora entendés cosas que antes no. Ahora reaccionarías distinto. Ahora dirías lo que antes callabas. Ahora cuidarías lo que antes dabas por hecho. Pero ahora ya es tarde. Porque ese amor siguió. Se reconstruyó lejos tuyo. Encontró otro lugar, otros brazos, otra historia. Y ahí aparece lo más incómodo de todo: no solo lo perdiste, sino qu...