Sueños Inconclusos

Se está yendo el año y yo, y yo... Hice lo que pude. Ayer pensaba que no se si me imaginaba la vida que llevo casi a los 30. Una carrera a medio terminar, una situación sentimental, casi inexistente.
Si me preguntas, yo me imaginaba otra cosa, la carrera terminada, con el trabajo y puesto "soñado",  construyendo una familia...
Pero bueno, de sueños no se vive, y tengo que "conformarme" con lo que hay. Un trabajo tóxico, una carrera tirada de los pelos y el sueño familiar quedado en eso, un sueño.  El trabajo de mis sueños, ese que soñé de pibito me trajo ansiedad y depresión, creo que eso no venía incluido en el pack de los sueños.
Sueño con tener un amor, un amor que no me haga dudar de mi, que sea mi lugar seguro, pero el destino parece estar empeñado en hacerme seguir esperando porque donde busco, siempre es lugar equivocado.
Me imaginaba tener un grupo de amigos numeroso para juntarme todos los findes y comer un asado y tomar algo, hoy mis amistades las cuento con los dedos de una mano (y a duras penas nos escribimos por WhatsApp).
Soñaba con tener una relación fraternal con mi hermano, compartir miles de cosas, ser ese tipo de hermanos que los ves y decis "son uno" pero somos polos totalmente opuestos, hasta en eso el destino me jugo una mala pasada. 
En fin, no se si perdí el hilo de lo que quería escribir pero solo quiero eso, quiero poder decir acá, lo que las circunstancias no me permiten.
Hoy intento sobrellevar la soledad como puedo (aunque no puedo mucho) y hacerla sentir más ligera sobre mis hombros. 
Hoy quisiera lo que muchos otros tienen y seguramente alguien desee el trabajo que yo tengo (aunque a veces lo detesto). Hoy quisiera dejar de preguntarme ¿Y a mí, cuando me toca? ¿Cuándo va a ser mi turno de ser feliz? Ya no se si quiero seguir soñando, quiero vivir de sueños pero cumplidos. Siento que la vida se me va entre las manos y todavía no viví, es algo que no se lo deseo a nadie. 

Y aun así… hay una parte de mí que sigue esperando. No sé si es terquedad, fe, costumbre o supervivencia, pero sigue ahí. Una parte que, a pesar de todo, se niega a rendirse del todo.
Quizás no tenga todavía la vida que imaginé, ni la persona que espero, ni los vínculos que deseo… pero tengo algo que todavía me sostiene: las ganas de que mi historia cambie.
Y tal vez eso, aunque hoy duela, sea la prueba de que todavía no está todo perdido. Tal vez no sea el final, sino el momento justo antes de que algo nuevo empiece.

Porque por más que duela admitirlo, a veces lo mejor tarda. A veces llegar a uno mismo lleva más tiempo del que pensábamos.
Y aunque hoy me pese la soledad, aunque sienta que la vida va más rápido que yo, aunque no entienda por qué nada llega… sigo acá.
Sigo intentando. Sigo esperando.
Y ojalá, algún día, cuando mire atrás, pueda decir: valió la pena no soltarme a mí mismo cuando el mundo parecía soltarme a mí


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Nos quedó grande el “para siempre”

Cuerpo en fuga

Día difícil de habitar