Tránsito Emocional
Hay un tipo de soledad que no se siente cuando estás solo, sino cuando estás rodeado de gente que no se queda.
Me dijeron muchas veces que tengo "todo para que alguien me elija". Que soy la calma, la comprensión, el tipo de amor que da sin medida.
Y sin embargo, sigo viendo pasar trenes que no frenan.
Sigo escuchando promesas que se deshacen antes de volverse hechos.
Sigo sintiendo que soy pausa en historias que nunca me escriben como final.
Y eso cansa.
Cansa ser la señal de tránsito en la vida emocional de los demás.
El "gracias por todo" antes del silencio.
El “ojalá te amen como merecés” dicho por quien no lo va a hacer.
El puente que todos cruzan, pero nadie mira.
La estación donde esperan, pero de la que siempre parten.
Uno empieza a preguntarse si de verdad es tan querible como dicen.
Porque el discurso nunca falta.
Te pintan como el ideal, te elogian el alma, la forma en que escuchás, contenés, te entregás.
Pero cuando hay que quedarse, nadie lo hace.
Y es ahí donde las dudas se instalan y el amor propio empieza a tambalear.
Lo peor es que después de todo eso, te piden paciencia.
Te dicen que el momento va a llegar, que no pierdas la fe, que sos demasiado para cualquiera.
Pero, ¿qué se supone que hagas con todo ese afecto no correspondido?
¿Dónde lo guardás sin que te explote adentro?
Estoy cansado.
No quiero ser más tránsito.
No quiero ser refugio temporal, ni aprendizaje emocional.
No quiero ser más el camino que ayuda a otros a llegar… a alguien más.
Solo quiero que alguien, una vez, diga:
“Este es el lugar donde quiero quedarme.”
Comentarios
Publicar un comentario