Crónica de un casi

Hay algo raro en mi historia con el amor y los vínculos. No sé si es un karma cósmico, una maldición heredada, o simplemente que tengo imán para lo tibio. Pero, por alguna razón, siempre me encuentro en relaciones a medio hornear, con personas que me quieren "más o menos", que están pero no tanto, que dicen pero no hacen, o que hacen pero no lo suficiente.

Soy esa persona a la que siempre le falta una cucharadita de azúcar para el café perfecto. O cinco centavos para el peso, si querés ponerte más criollo. Y sí, eso también aplica al amor.

Estoy acostumbrado a los casi:
– Casi salimos.
– Casi nos animamos.
– Casi fuimos algo.
– Casi me dijiste lo que sentías antes de que me cansara de adivinar.

Y no te voy a mentir, hay algo trágicamente romántico en eso. Como si estuviera viviendo una eterna canción de Fito mezclada con un sketch de comedia absurda. Me río para no llorar… o me río mientras lloro, que es más realista.

Porque claro, yo me ilusiono fácil, entrego todo en cuotas sin interés, con envíos a domicilio y sin pedir nada a cambio… solo que esa última entrega nunca llega. Siempre estoy esperando el “te extraño” que no llega, la charla pendiente que se diluye en el algoritmo de WhatsApp, o el abrazo que alguien más recibió por mí.

Y en las amistades, ni hablar. Soy el comodín de emergencia, el que está cuando nadie más está, pero que no suele ser la primera opción en los días felices. Me buscan cuando algo duele, y me sueltan cuando todo brilla. Supongo que también en eso me faltan cinco para el peso.

Pero ojo, esto no es un reclamo. Es más bien una confesión melancólica con una pizca de humor ácido. Porque aunque siempre me falte ese poquito para sentirme completo, también aprendí a valorar mi 95%. Ese que ama sin medida, que acompaña incluso cuando no lo invitan, y que sigue apostando a los vínculos, aunque la ruleta del afecto esté trucada.

Quizás un día, alguien llegue con esos cinco que me faltan. O quizás descubra que yo mismo puedo completarlos.
Mientras tanto, sigo acá: amando con cambio justo, aunque el otro no tenga monedas.


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