Entradas

Mostrando las entradas de mayo, 2025

Día difícil de habitar

Se viene mi cumpleaños. Y aunque para muchos eso sea sinónimo de festejo, para mí siempre fue una fecha extraña. Hay algo en cumplir años que me desarma un poco, que me deja expuesto, vulnerable, más conectado con lo que falta que con lo que hay. No me resulta fácil contar esto. No me gusta sentirme el centro, ni pedir atención, ni dar a entender que necesito algo. Pero lo cierto es que esta época del año me remueve cosas profundas. Me obliga a mirar hacia adentro, y no siempre lo que veo me gusta. Estoy llegando a los 30 (me respiran bastante cerca). Una edad que, cuando era más chico, imaginaba de otra manera. Pensaba que para este momento iba a tener varias cosas resueltas: una carrera ya terminada, una pareja estable con la que construir un futuro, una casa más propia que prestada, una sensación de rumbo. Pero la realidad es distinta. No digo que esté mal donde estoy, pero tampoco me siento del todo cómodo. A veces me cuesta no compararme. Veo a otros en redes o en la vida real, y ...

Cuerpo en fuga

 Hay días en los que simplemente existir se vuelve una carga. Mirarme al espejo es una de las cosas más difíciles que enfrento. No porque no quiera verme, sino porque me detesto en ese reflejo. No me reconozco. Lo que veo no soy yo, o al menos no lo que quisiera ser. Vivo atrapado en un cuerpo que siento como enemigo, como si habitara una prisión con mi nombre, pero sin pertenencia. Convivir con dismorfia corporal es un desgaste constante. El temor a engordar me persigue todos los días. Comer, algo tan cotidiano, se transforma en una fuente de culpa y ansiedad. Calculo, mido, me reprimo. Pienso en cada bocado como si tuviera el poder de arruinarme. Y aunque el hambre aparece, el miedo pesa más. La ropa no es abrigo ni identidad para mí. Es otro campo de batalla. Todo me queda mal, todo me molesta. La sensación de que me aprieta, de que marca lo que quiero esconder. He llegado a estirarla con desesperación solo para no sentirla pegada a mi piel, porque me recuerda todo lo que odio d...

Sillas Vacías

Hay una tristeza que no se nota a simple vista. No grita, no rompe cosas, no llora frente a otros. Pero está. Es esa que se instala cuando te das cuenta de que no sos el elegido de nadie. No el amigo al que primero llaman. No el familiar al que buscan por apoyo o cariño. No la persona que alguien elige como su lugar seguro. Estás… pero como sombra. Como opción de último momento. Como quien puede estar o no, y nada cambia. Y eso duele. Duele con una mezcla extraña de ansiedad, soledad y una tristeza sorda que no encuentra forma de salir. Duele en el pecho, pero también en lo que uno es. Duele saberse presente, pero nunca necesario. Cercano, pero nunca esencial. En los grupos, hablás… pero no sos escuchado. En la familia, existís… pero no sos visto. Todo eso va creando una distancia invisible con el mundo, y una barrera interna cada vez más difícil de cruzar. Uno se empieza a preguntar si realmente encaja en algún lado, si hay un lugar donde pueda ser sin tener que luchar por espacio o r...

Vínculos de humo

Ya no entiendo las relaciones. No sé si es esta época, esta forma de vincularnos, o simplemente una confusión generalizada que todos llevamos adentro. Pero cada vez es más difícil encontrar algo que no se evapore al poco tiempo. Hoy estás con alguien, compartís momentos, risas, mensajes que parecen genuinos… Y mañana esa misma persona ya está en otro lado, con otra historia, otra conexión. Como si lo vivido no hubiese sido real. Como si todos fuéramos fácilmente intercambiables. No hay construcción. No hay pausa. Todo es rápido, inmediato, descartable. No se habla de lo que duele, no se cuida lo que nace, no se apuesta a lo que podría crecer. Se huye ante el primer síntoma de profundidad. Y en medio de todo esto, inevitablemente surge la pregunta: ¿ Seré yo el que está esperando algo que ya no existe? ¿Estoy desfasado en un mundo donde mostrar interés es "intenso"? ¿Donde el compromiso asusta y la conexión genuina se reemplaza por la comodidad temporal? Trato de entender esta...

Amar sin romperme

Quiero amar. Pero esta vez, de verdad. Sin miedos camuflados de orgullo. Sin huir en silencio cada vez que algo se vuelve demasiado real. Sin cargar con las heridas viejas como si fueran excusas. Estoy cansado de los casi, de lo que pudo ser, de los amores a medias que solo enseñan a sobrevivir, pero no a vivir. Quiero un amor que no se esconda, que no se disfrace de indiferencia para no parecer débil. Quiero dejar de jugar a ser fuerte cuando en realidad solo estoy cansado de no encontrar un lugar donde descansar el alma. Deseo un amor que me haga sentir en paz, no en guerra. Que no me haga dudar de mí, que no me haga sentir que tengo que competir por un lugar en la vida del otro. Un amor que no se mida por cuánto duele, sino por cuánto acompaña. Que no me exija romperme para encajar, sino que me abrace entero, con mis luces y mis sombras. Porque tengo tanto para dar. Tengo palabras guardadas que aún no han sido escuchadas, abrazos que no encontraron cuerpo donde quedarse, y sueños qu...

La lluvia no solo moja, también despierta...

Hay días en los que la lluvia no avisa: simplemente cae, silenciosa, persistente. Y uno, sin proponérselo, empieza a sentir distinto. El mundo baja el volumen y todo parece moverse más lento. Afuera el gris lo tiñe todo, pero adentro —muy adentro— algo se enciende.No sé si es por el ritmo hipnótico de las gotas golpeando el vidrio o por esa melancolía que parece viajar con cada nube, pero la lluvia tiene una manera muy sutil de desenterrar lo que creíamos haber guardado bien. Recuerdos, personas, palabras no dichas… Todo vuelve, como si el tiempo decidiera abrir una ventana a lo que fuimos, o a lo que aún no terminamos de soltar.Y ahí, en ese silencio que la lluvia deja caer entre una gota y otra, aparecen las ausencias. Algunas duelen, otras simplemente pesan. Están las que elegimos dejar ir y las que nos fueron arrancadas. Pero todas nos habitan, y la lluvia, de algún modo, las hace visibles por un rato.Sin embargo, no todo en esta escena es tristeza. Porque con cada recuerdo también...

Nos quedó grande el “para siempre”

Hay vínculos que llegan sin previo aviso y, de a poco, se vuelven esenciales. Personas que sentimos como refugio, como hogar, como certeza. Creemos que esas conexiones están por encima del tiempo, de los cambios, de cualquier distancia. Que nada ni nadie puede desarmarlas.Nos ilusionamos con esa idea de eternidad. Porque cuando una amistad se siente tan sincera, tan cercana, uno no se imagina que un día pueda desaparecer. Pero a veces pasa. Y no siempre hay un motivo. No siempre hay una discusión o una traición. A veces simplemente se enfría, se pierde, se deja de sostener.El silencio empieza a ocupar espacios donde antes habitaban las palabras. Las respuestas tardan más, o ya no llegan. Y lo que antes fluía con naturalidad, se vuelve esfuerzo. Mirás para atrás y no hay una señal clara. Solo una sensación incómoda: ya no está. Esa persona, esa conexión, ese “nosotros” que parecía inquebrantable… ya no está.Y duele. Pero no con el dolor escandaloso de una ruptura, sino con esa tristeza ...

Donde nadie se queda

Siempre fui el suspiro antes del beso, la ilusión pasajera, el refugio momentáneo. Fui la sonrisa que alguien necesitó para sanar, el hombro donde se lloró la ausencia de otro, la calma antes de regresar al caos. En cada historia fui un puente, un tramo del camino… pero nunca la última estación. Me he convertido en el confidente, en el que escucha, en el que acompaña. Me han dicho "ojalá pudiera amarte como mereces", y me han sonreído con ternura antes de dar media vuelta y correr hacia otro corazón. Me han querido, sí, pero nunca para quedarse. Me han admirado, pero nunca han apostado por mí. He sido ese tipo de persona que se recuerda con cariño, pero no con compromiso. A veces me pregunto si estoy destinado a ser eternamente un capítulo, pero nunca el final feliz. Y entonces, me hago la pregunta que me sigue como sombra: ¿Cuándo será mi turno? ¿Cuándo seré yo el elegido? ¿Cuándo alguien se quedará sin dudas, sin excusas, sin miedos? Pero esa pregunta, con el tiempo, ha dej...