Vínculos de humo

Ya no entiendo las relaciones.
No sé si es esta época, esta forma de vincularnos, o simplemente una confusión generalizada que todos llevamos adentro.
Pero cada vez es más difícil encontrar algo que no se evapore al poco tiempo.

Hoy estás con alguien, compartís momentos, risas, mensajes que parecen genuinos…
Y mañana esa misma persona ya está en otro lado, con otra historia, otra conexión.
Como si lo vivido no hubiese sido real. Como si todos fuéramos fácilmente intercambiables.

No hay construcción.
No hay pausa.
Todo es rápido, inmediato, descartable.
No se habla de lo que duele, no se cuida lo que nace, no se apuesta a lo que podría crecer.
Se huye ante el primer síntoma de profundidad.

Y en medio de todo esto, inevitablemente surge la pregunta:
¿Seré yo el que está esperando algo que ya no existe?
¿Estoy desfasado en un mundo donde mostrar interés es "intenso"?
¿Donde el compromiso asusta y la conexión genuina se reemplaza por la comodidad temporal?

Trato de entender esta cultura afectiva donde el desapego se confunde con libertad,
donde involucrarse es sinónimo de debilidad,
y donde la distancia emocional es casi un valor.

Pero la verdad… me cuesta.

Me cuesta aceptar que sentir de verdad parezca ser un error.
Me cuesta tener que explicar por qué no quiero juegos, por qué quiero quedarme,
por qué no quiero vínculos con fecha de caducidad.

No sé si soy yo el problema, o si simplemente hay una parte de todos que se está olvidando cómo amar desde un lugar más humano, más real, más comprometido.

Y mientras intento encontrar sentido a todo esto, me doy cuenta de que no tengo respuestas.
Solo tengo preguntas.
Y un deseo que persiste, aunque a veces se sienta fuera de lugar:
el deseo de quedarme cuando todos se van.

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