Donde el deseo no llega

Hay una sensación que me cuesta explicar, pero que reconozco apenas aparece: sentir que no soy deseado. No es solo estar solo. Es algo más profundo, más callado. Es estar rodeado de gente y, aun así, sentir que nadie se detiene en mí, que no despierto curiosidad, que no genero nada.

Miro alrededor y pienso: nadie me elegiría. No ahora, no después, quizás nunca.

No se trata solo del amor romántico, aunque ahí es donde más me duele. Es la idea de que no hay alguien que pueda verme de verdad y quedarse. Que no hay una mirada que cambie cuando aparezco. Que no hay expectativa, ni deseo, ni sorpresa. Solo una especie de indiferencia constante que pesa más que cualquier rechazo.

Porque al menos el rechazo implicaría que alguien me vio.

Este sentimiento me fue creciendo en silencio. Se alimenta de comparaciones, de ver cómo otros se encuentran, de notar miradas que sí se cruzan —pero nunca son las mías. Y con el tiempo dejó de ser una duda para convertirse en algo que siento casi como un hecho: no soy alguien que pueda ser amado de esa manera.

Lo más duro no es la falta de amor, sino la sensación de que nunca va a llegar. Es dejar de esperar. Es bajar la guardia, no por paz, sino por cansancio. Es acostumbrarme a ocupar un lugar donde el deseo no existe.

Y me doy cuenta de algo más: cuando me siento así, empiezo a desaparecer un poco. Me muestro menos, hablo menos, intento menos. Me protejo… pero también me borro.

Entonces no es solo que nadie me mira. También soy yo el que deja de ponerse en lugares donde podría ser visto.

No tengo una respuesta clara para esto. No alcanza con decirme cosas lindas ni con obligarme a ser positivo. Pero hay algo que no puedo negar del todo: esa certeza que siento no es una prueba, es una conclusión a la que llegué después de acumular momentos, silencios y comparaciones.

Y aun así, algo en mí duda.

No sé si el problema es que nadie puede verme,
o si aprendí a creer que no hay nada que valga la pena mirar.

Y quizás ahí, en esa duda incómoda,
hay más verdad que en todas las certezas que me repito.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Día difícil de habitar

El peso invisible de recordar

Fuera de servicio